Se lo agradecí y prometí analizar lo que había en su interior. Me miró a los ojos, me gritó “conchudo” y se fue corriendo. A veces es difícil entender las acciones de Teseo.
En el interior del sobre reposaba la salvación del blog, el primer texto que no era de la autoría del administrador. ¡Y estaba firmado no por un miembro del grupo, sino por dos!
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Los tres viajeros estaban saliendo de la localidad de Barreal, al oeste de San Juan, después de pasar tres días excelentes, con buen tiempo, muy lindos paisajes, excursiones muy interesantes, cenas abundantes de la mano del Ruso, e incluso la experiencia de estar al filo de la muerte (según Ferchum y Salzman). Teseo, fiel a la profunda religiosidad y arrebato místico que experimentó durante el periplo cuyano, repetía sin cesar la frase “dei nobiscum sunt”, que significa “los dioses están con nosotros”. El Ruso, por su parte, se ufanaba (sin evocar los cielos ni las deidades inmortales) diciendo “estamos como queremos”. Ferchum, por su parte, estaba como quería (lo cual supone que quería estar mucho tiempo en el baño), y fotografiaba y filmaba todo aquello que podía.
Policía: “¿Sabías que no estás autorizado a conducir? Te vamos a tener que sacar el auto…”
Ruso: “Pero si mi amigo está autorizado, él estando presente me autoriza… ¿no puede seguir conduciendo él?”
P: “Y no… porque la cédula está vencida…”
R: “Pero nosotros teníamos entendido que podíamos, y de última él estando presente...” (el ruso es interrumpido)
P: “Mirá… acá es así, si no tenés la cédula no podés conducir, aparte, la cédula de tu amigo está vencida… llamámelo a tu amigo”.
Teseo: “Sí, oficial, me dijo mi amigo que necesita hablar conmigo”.
Policía: “Sí, porque vos tenés la tarjeta verde vencida, ¿viste?”
T: “Sí, lo sé, pero estoy autorizado por ante Escribano Público para manejar...”
P: “Claro, pero lo que pasa es que este auto es un bien ganancial...”
T: “Sí, yo ya sé que es un bien ganancial...”
P: “Claro, eso quiere decir que esta tarjeta no vence para tu papá y para tu mamá, pero para los demás sí. Entonces, cuando tu papá y tu mamá se separan, se abre la sucesión (se ve que para el uniformado en cuestión que los padres se separaran equivalía a la muerte) y ahí deciden si quieren vendértelo, dárselo a alguien o qué hacer. Igual vos, este Martín, Jimena y Juan Manuel pueden manejar, pero el vago (señalando al Ruso) no. Así que yo te sugiero que el vago maneje, pero cuando se acerquen a un paso, lo agarrés vos al auto, ¿no?”
T: “Está bien, sí, haremos eso, lo manejamos los dos, pero cuando veamos que hay control policial, lo manejo yo”
P: “Sí, pero...a ver, peráme un segundo...”
Durante su discurso vago y contradictorio el policía llena un papel rosa, pregunta al Ruso sus datos y escribe algo. “Te vamos a tener que hacer una atención porque vos no podés andar en el auto”.
El oficial sale de la garita, Teseo y el Ruso se miran, esperan, no hablan pero saben que están pensando lo mismo. Al rato vuelve el policía con el papel rosa y le pide al Ruso que lo firme, manifestando su dirección y demás datos.
El Ruso, ya experimentado en firmar “actas de constatación” (como la que firmó en Córdoba por no tener encendidas las luces bajas), hace lo propio con el nuevo documento. Luego, esperando que el policía le comente que podía ser culpado por reincidente, pregunta:
Ruso: “¿Y ahora qué tenemos que hacer?”
P: “Mirá, te hice una multa por andar sin cinturón de seguridad, porque si hacía lo que hay que hacer cuando maneja alguien no autorizado, te tenía que retener el auto y llevarlo hasta Barreal, y lo tenías que ir a buscar ahí...”
En ese instante, lo único que pasó por la cabeza del ingenuo creyente en la justicia fue:
R: “Pero yo andaba con el cinturón puesto...”
El Ruso inocentemente pensó que el tipo le estaba haciendo un favor, hasta que leyó que no era un acta de constatación, sino una infracción… había que pagar… con lo cual, medio resignado, preguntó:
R: “Y pero… ¿cuánto seria la multa?”
P: “Y...a ver, se mide en litros de nasta, ¿viste? Son cincuenta litros de nasta, esta multa. A ver, decíme, Pantera, ¿cuánto está el litro de nasta...?”
Oficial Pantera: “Y...creo que 3,25, má’ o meno’”
P: “Tonce, esto da...serían...”
Teseo: “Alrededor de 150 pesos...”
P: “Y… si no te tenía que sacar el auto...”
El Ruso, francamente desconcertado, sin saber si agradecer o sacarle el arma al policía y matarlos a todos a tiros, estuvo a punto de preguntar: “¿Y no me podía hacer una multa mas barata…?” Recordó que la de la luz baja ya la tenía, y que quizás la multa por andar alcoholizado o por superar la velocidad máxima eran incluso más caras.
Rápidamente sintió vergüenza de sí mismo por tal pensamiento: “¿Podés ser tan boludo? Mirá si estos cabezas con armas nos van a estar haciendo un favor…”; entendió que los tenían donde querían, que para la ley los tres amigos eran inocentes hasta que él firmó la infracción… ese policía los había condenado.
T: “¿Entonces tenemos que ir a pagar? ¿Y cómo pagamos? ¿Nos dan la boleta acá? ¿No tenemos que ir a defendernos o algo?”
P (al Ruso): “Claro, tonce, vos tené que ir al Juzgado, pa’ defenderte, y ahí te van a dar para pagar. Esto es así: el 50% va para Rentas de San Juan, y el otro 50 va para la policía de San Juan” –Nuevamente le brillaron los ojos. “Así que en el Juzgado te van a dar dos boletas, pagás las dos y listo... El asunto es que si no lo pagás, no vas a poder salir de la provincia, ¿viste?...”
R: “Está bien, nosotros vamos a ir al Juzgado cuando corresponda, y vamos a pagar, entonces...”
El Ruso y Teseo se miraron cómplices… todo estaba dicho.
P: “Bueno, pero fijáte que tenés que ir antes de salir de San Juan, porque si te para la policía no vas a poder salir...”
T: “Bueno, está, vamos a ir el martes al Juzgado, vamos a volver de Valle Fértil y vamos al Juzgado y pagamos. Listo, entonces, ¿no...?”
P: “Sí, bueno, pero no dejés de ir, ¡eh! Mirá que yo esto lo informo...y si te paran de vuelta...”
R: “Sí, quédese tranquilo, nosotros vamos al Juzgado y resolvemos el asunto”.
T: “Sí, vamos a hacer eso, vamos a Calingasta y pagamos. Listo, entonces”

El Ruso Salzman, infractor por naturaleza, muestra con despiadada alegría sus dos trofeos de ruta, la advertencia cordobesa por un lado y la infracción expedida por la bondadosa policía de Calingasta por el otro. "Con estas mierdas rositas no me van a amedrentar" bramó mientras con sus dedos sobre la boca hacía pedorreta a los canas.

